Alberto Molina Soldado Compañía comando, Sección Morteros Pesados

Antes de comenzar el conflicto de Malvinas yo estaba ya de baja. Estaba en mi casa cuando me llegó telegrama diciéndome que me tenía presentar a mi regimiento. Llegó allí y me vuelven a dar la ropa y dar armamento y nos avisen que tenemos que salir de maniobra. No sabíamos que íbamos a Malvinas. Nos fuimos hasta Comodoro Rivadavia donde nos pusieron en un Hércules y nos llevaron. Sin saber que íbamos a Malvinas todavía.

 

Nosotros a Malvinas llegamos el día 3 de abril. Cuando estábamos en el avión nos dijeron que íbamos a Malvinas. Estuvimos conviviendo allí con la gente nativa de la isla. Tuve la posibilidad de tener el contacto con ellos. A mí me gusta mucho saber de la cultura de cada pueblo, de cada país. Y charlaba con ellos que no hablaban nuestro idioma sino hablaban el inglés. Una de las cosas que me llamó la atención es que ellos nos decían que nosotros éramos muy caballeros que no les faltábamos respeto, a diferencia de los soldados ingleses que, en algunos casos, los habían maltratado.

Conocí a una mujer cordobesa casada con un kelper. El marido venía en uno de los barcos ingleses, era soldado también. Por allí uno se pregunta ¿Por qué llegar a las armas? ¿Por qué, si existían esas relaciones?. Yo creo que todos deberíamos a aprender a convivir, quizás no entendamos algunos idiomas pero creo que hay un solo idioma universal que es la paz.

Más allá del hambre, del frío y de los combates te queda la miseria espiritual que hoy estamos sufriendo. De ver morir a compañeros, amigos, enemigos, parientes.

Estoy con tratamiento psicológico y psiquiátrico. Hay algo dentro de mi que no cierra, hay cosas que no recuerdo, todavía no encuentro el porque. Es muy difícil. Yo pienso que me gustaría volver a la isla para cerrar este círculo. A lo mejor quizás volviendo a la isla puede encontrar la respuesta a tantas preguntas que tengo.

Al principio cuando llegué a la isla no me gustó. Después conociendo a la gente de allí, poder hablar con ellos, conocerlos, ver como vivían, que hacían para vivir. Eso me llevó a conocer un poquito más. Pero en realidad no me gustó.

En mi caso particular tuve muy mala experiencia cuando regresamos luego de la guerra. Quizás yo haya preferido haberme quedado en la isla no haber vuelto al país, al continente, porque sentí y viví el rechazo de la gente. No me daban trabajo.

Hoy logré construir una familia y tener un hijo hermoso, ellos son los que me ayudan a seguir, son mis pilares los que me mantienen en pie. Cuando yo caigo me levantan.

No hemos tenido reconocimiento de la gente como la tuvieron los ingleses. Ni siquiera una buena cobertura médica. Recién ahora están queriendo revertir todo eso. Falta un montón, pero como siempre Argentina sigue fallando en esas pequeñas cosas que son muy importantes. Quizás cuando no estemos más, los veteranos de guerra seremos historia, podemos estar en un libro que cuente de lo que fue. Hoy no somos nadie. Así como lo veo yo, como lo vivo yo a diario, no somos nadie. Somos ciudadanos en segunda.

Nosotros vamos a dar charlas a los colegios y hemos revertido un montón dentro de nuestro pueblo. La gente ya nos ve de otra manera está cambiando la actitud. Vamos a los barrios, pasamos películas, formamos y la gente está cambiando. Otra generación viene encendiendo otra imagen.

Todavía falta la cabeza de todo esto que son los dirigentes, la parte política, Falta una política del estado.

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